No reaccionás, repetís
No reaccionás, repetís. Por Gustavo Picolla
Hay personas que reaccionan siempre igual.
Ante la presión controlan, ante el conflicto se callan, ante la crítica se defienden, ante la incertidumbre se obsesionan con los detalles, ante el miedo atacan o desaparecen.
Y muchas veces dicen algo parecido a esto: “Yo soy así.”
Pero, ¿y si no fueran así? ¿Y si gran parte de nuestros comportamientos no fueran elecciones conscientes, sino patrones?
Con los años, acompañando procesos de coaching y observando personas en organizaciones, fui entendiendo algo que me parece profundamente humano: muchas veces no reaccionamos a la realidad. Reaccionamos desde patrones aprendidos hace mucho tiempo.
El patrón es una especie de piloto automático emocional y mental que genera nuestros comportamientos sin que lo advirtamos. Una elección inconsciente.
Aparece rápido, automático, casi instantáneo. Antes de pensar, ya reaccionamos.
Y lo más interesante es que, en general, ni siquiera nos damos cuenta, simplemente creemos que somos así.
El problema es que muchas veces esos patrones no nacieron para limitarnos, nacieron para protegernos.
Alguien que hoy necesita controlar todo, quizás aprendió hace años que equivocarse era peligroso. Quien evita conflictos, tal vez creció en ambientes donde discutir implicaba perder amor o seguridad. Quien necesita tener razón, posiblemente asoció el error con humillación. Quien no delega, quizás siente en lo más profundo que si no controla, pierde valor.
Y así vivimos, repitiendo respuestas automáticas frente a situaciones distintas.
Lo curioso es que esos patrones que alguna vez nos ayudaron a sobrevivir emocionalmente después empiezan a limitarnos. Porque lo que protege también puede encerrar, y esto se vuelve muy visible en el liderazgo.
Hay líderes que creen que tienen carácter fuerte, cuando en realidad viven defendiendo una inseguridad. Otros creen que son exigentes, cuando en el fondo están gobernados por el miedo al error. Algunos se vuelven obsesivos con el control porque sienten que si algo sale mal perderán reconocimiento o valor.
Entonces el patrón empieza a liderar, y cuando el patrón lidera, la cultura lo replica.
Un líder ansioso crea ansiedad. Un líder controlador crea dependencia. Un líder que evita conversaciones difíciles crea silencio. Un líder que vive a la defensiva genera miedo.
Porque las personas no solo escuchan lo que el líder dice, también sienten desde dónde actúa. Por eso muchas veces el verdadero problema en una organización no es operativo, es inconsciente. El liderazgo termina siendo la expansión emocional de los patrones del líder.
Y quizás ahí aparece una de las cosas más valiosas del coaching, hacer consciente lo inconsciente. Ver el piloto automático, porque uno no puede cambiar aquello que no logra ver.
El problema no es tener patrones, todos los tenemos. El problema es vivir gobernados por ellos creyendo que somos libres.
Entonces, la transformación empieza cuando alguien puede detenerse en medio de una reacción automática y preguntarse:
¿Por qué esto me afecta tanto?
¿Por qué siempre reacciono igual?
¿Qué estoy tratando de proteger?
Ahí aparece algo distinto, la conciencia. Y con ella, la posibilidad de elegir conscientemente.
Porque la verdadera libertad no consiste en hacer lo que queremos, consiste en dejar de ser gobernados por patrones inconscientes que deciden por nosotros.
Y liderar también tenga que ver con eso. Con dejar de reaccionar automáticamente para empezar a elegir conscientemente quién queremos ser.

.gif)
