Economía

Lluvias de 170 mm golpean al ajo en Mendoza: pérdidas del 17% y precios bajos

Las intensas lluvias en el Valle de Uco, Mendoza, provocaron pérdidas de hasta el 17% en la cosecha de ajo. Los productores enfrentan precios que no cubren costos y una falta de compradores ante el temor de deterioro en la calidad del producto.

Fuente original: La Nación Economía6 min de lecturaMuy Negativo
Lluvias de 170 mm golpean al ajo en Mendoza: pérdidas del 17% y precios bajos
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Las claves de la nota

  • Pérdida de hasta 17% en la cosecha de ajo en Mendoza.
  • Precios de $250-$300 por kilo no cubren costos de producción.
  • Costos de producción entre US$8000 y US$11.000 por hectárea.
  • Falta de compradores por temor a deterioro de calidad.
  • 170 mm de lluvia en tres semanas afectaron los cultivos.

Resumen elaborado con inteligencia artificial a partir de la nota de La Nación Economía.

La principal región productora de ajo en Argentina, el Valle de Uco en Mendoza, atraviesa un panorama sombrío debido a las recientes precipitaciones. Se registraron 170 milímetros de lluvia en tan solo tres semanas, acompañados de una persistente nubosidad, afectando una etapa crucial en la formación de los bulbos de ajo.

Las estimaciones preliminares apuntan a pérdidas de rendimiento de hasta un 17%, lo que se traduce en una merma de entre 5000 y 6000 kilos por hectárea. Un lote que habitualmente produce 35.000 kilos podría ver su producción reducida a 30.000 kilos, un golpe significativo dado los márgenes ajustados del sector.

La situación se agrava por los bajos precios que reciben los productores. El ajo en verde se comercializa entre $250 y $300 por kilo, valores que no logran cubrir los elevados costos de producción, que oscilan entre US$8000 y US$11.000 por hectárea. Un cálculo conservador muestra que producir una hectárea con un costo de $16 millones y venderla a $300 por kilo generaría ingresos por $9 millones, resultando en una pérdida de $7 millones.

A la problemática climática y de precios se suma una marcada escasez de compradores. Los "galponeros", encargados de acondicionar, almacenar y exportar el ajo, muestran reticencia a operar por temor a que nuevas lluvias deterioren la calidad del producto, lo que disminuiría drásticamente su valor comercial. Esta incertidumbre obliga a muchos productores a conservar el ajo en el campo para secarlo, un proceso que demanda recursos económicos y mano de obra, algo que muchos no poseen tras una campaña anterior ya desfavorable.

Las dificultades financieras arrastradas desde la campaña previa, con deudas con proveedores y otros compromisos, complican aún más el panorama. La ventana de tiempo para la cosecha óptima se reduce, y cualquier demora puede comprometer la calidad final del producto, afectando su potencial de venta y exportación.

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