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Baja de la inflación: Gobierno tiene plazo acotado para impulsar el consumo y mejorar ingresos
La inflación de abril se ubicó en 2,6%, cortando una racha de diez meses al alza, pero el Gobierno enfrenta el desafío de revertir la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos para mejorar sus perspectivas electorales.
- Inflación de abril: 2,6%.
- Expectativa de inflación mensual cercana al 2% para mayo.
- Pérdida de poder adquisitivo de los ingresos.
- Desplazamiento de prioridades ciudadanas: empleo e ingresos.
- Plan de "remonetización" de la economía pendiente.
Tras diez meses consecutivos de aumentos, la inflación argentina mostró una desaceleración significativa en abril, registrando un 2,6%. Las proyecciones para mayo sugieren una cifra aún menor, acercándose al 2%, aunque romper este piso se presenta como un desafío que podría requerir más tiempo. El propio presidente Javier Milei ha ajustado sus expectativas, posponiendo la meta de una inflación mensual cercana a cero para mediados del próximo año.
La disminución de la inflación es vista por el oficialismo como su principal activo para afrontar las elecciones venideras. Sin embargo, las encuestas de opinión pública reflejan un descenso en la confianza hacia el gobierno y la figura presidencial. Las preocupaciones de la ciudadanía han virado, priorizando el temor a la pérdida de empleo y la insuficiencia de los ingresos por sobre la lucha contra la inflación.
Desde la perspectiva gubernamental, la estabilidad macroeconómica y el equilibrio fiscal son pilares innegociables. La reducción de la inflación se concibe como el motor que debería propiciar una mejora en los ingresos, tanto formales como informales, bajo la premisa de "menor inflación, mejores salarios". No obstante, la materialización de esta mejora en los próximos meses es una incógnita.
El gobierno descarta tajantemente medidas populistas o "atajos" como la emisión monetaria para estimular la actividad o la obra pública para generar empleo, a fin de no comprometer las cuentas públicas. Una vía alternativa que se baraja es la implementación del plan de "remonetización" de la economía, que busca que los pesos emitidos por el Banco Central para la compra de divisas impulsen la actividad en lugar de ser reabsorbidos. Sin embargo, este plan aún no ha comenzado a ejecutarse.
A pesar de que el consumo interno aún no muestra signos de recuperación contundente, la economía argentina proyecta un crecimiento cercano al 3% para este año. Este impulso proviene principalmente de sectores como el agro, la energía y la minería, que no son intensivos en generación de empleo. La incertidumbre reside en si la desaceleración inflacionaria se traducirá efectivamente en una mejora del poder adquisitivo y un eventual repunte del consumo, lo cual es crucial para el escenario electoral del oficialismo.
La desaceleración de la inflación es un dato clave para el escenario económico y político argentino. Los inversores y empresarios deberán seguir de cerca la evolución de los ingresos reales y el potencial impacto de la política monetaria en la actividad económica. La efectividad de las medidas para impulsar el consumo será determinante para las perspectivas de crecimiento y el clima de negocios en la región.

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